Jomi Lavarías

Sensaciones encontradas las que tengo al sentarme a escribir esta crónica. Alegre, muy alegre, por haber conseguido el pase a semifinales en Mendizorroza, pero por otro lado bastante cabreado por el lamentable partido que ha jugado el Valencia. Creo que hemos sufrido demasiado. Sabíamos que sufriríamos pero nadie pensaba que sería hasta el extremo de perder años de vida por llegar a una agónica tanda de penalties.

Durante los 90 minutos de partido el Alavés ha superado al Valencia en todos los terrenos. Lección de juego, de intensidad, de ganas, de fe en la victoria. Si analizamos solo esos 90 minutos muy probablemente estaríamos todos de acuerdo que el Alavés ha merecido eliminar al Valencia. Luego en la prórroga el Valencia se ha mostrado más entero físicamente hablando y ello se ha traducido en que las únicas llegadas al área contrario las ha protagonizado el Valencia. Si hubiéramos encarado así el partido, otro gallo habría cantado, aunque insisto, se ha debido más al bajón físico de los alavesistas que a méritos futbolísticos de los valencianistas.

Hoy es día para celebrar el pase a semifinales, pero a partir de mañana hay que poner y buscar soluciones al bajón que este equipo ha dado desde la primera derrota de la temporada en Getafe. Ya tenemos los suficientes elementos de juicio para aseverar que este equipo se nos ha caído, al menos fuera de casa. Así, de esta manera, no nos da para llegar a Champions. Y no hablo ya de la final de Copa, que sinceramente, ahora mismo la veo muy lejana, nos toque quien nos toque.

Jaume es el héroe de la noche. No es santo de mi devoción, pero merece, por su trabajo, estos momentos de gloria.

Toca recuperar fuerzas y a por el Madrid.

Amunt!!


Peris

Drama con final feliz. A la espera de deseadas épicas, no tanto por merecidas y sí por dejar esa insultante invisibilidad mediática midiéndole el lomo a quienes ustedes ya saben, la Copa era el lugar perfecto para escribir la historia de este Valencia renovado, que ha pasado de un melancólico otoño a una primavera eterna. Vale que toda primavera tiene sus nubarrones y el de ayer tenía pinta de inundación y declaración de zona catastrófica pero, al final, el chico, después de pifiarla, consigue el perdón de la chica y comió perdices.

El chico podría ser Jaume que, como un mal político, genera el problema para después solucionarlo. Leerán ustedes, lectores cafeteros loas al denominado Gato de Almenara. Aquí no. Da la sensación que Jaume es portero de acción, de equipo de mitad de tabla y no de los que han de mantener la tensión latente y ser resolutivo dos o tres veces en un partido. En el global de la eliminatoria, varios debe y mucha estatua. Espero que sea únicamente percepción personal y que sus dos penales parados le sirvan de impulso para no pensar que su techo es vivir el noventa por cien de los partidos en el banco.

Y puede ser que la dureza sea excesiva con el portero, a la postre último pero no siempre único responsable. Cierto. Pero cuando el equipo no está cómodo con el juego aereo planteado por el rival, cuando los estandartes ni están ni se le esperan, hola Zaza, Kondo y Parejo, cuando los desequilibrantes no rompen el equilibrio y te sujetas con el cuarto central viviendo en el alambre, le das colleja al de casa. Al que imaginas que ha llorado como tú tras perder finales. Al que sabes que le puedes exigir algo más que la profesionalidad. Al que le puedes pedir corazón. Al que le exiges facturas emocionales y no pagar ni una decepción más. Y, afortunadamente, para nuestros corazones faltos de alegrías, Domenech sacó la cartera para pagar esta ronda de gozo con dos cubitos de sufrimiento y ese ligero twist amargo pero justo.

No siempre estará un valencianista bajo palos para resolver el trabajo, señores


Lobo

No sé por dónde empezar. Una hora después de acabar la batalla de Mendizorroza sigo acelerado a tope, y a la vez cansado como si hubiera corrido una marathon o algo. Es una sensación extrañísima, tanto como la que me ha dejado la eliminatoria del VCF ante el Alavés.

Bueno, ya he empezado, pero no sé por dónde seguir. Me parecería lógico rajar del equipo, pero sólo me nace felicitar a todo el mundo por, pese a todo, segur corriendo y luchando. Lo cierto es que, siendo justos, el Alavés no ha merecido para nada caer. Su fútbol es primitivo, tosco, pero joder, qué potencia brutal, qué presión, qué tensión, qué forma de correr y vaciarse. Ante tal avalancha los nuestros han estado casi todo el tiempo completamente desbordados, sobrepasados en todas las líneas, arrasado especialmente el medio campo de Parejo y Kondo, casi humillados en cuanto a actitud y fuerza. Sólo cuando los locales han caído en picado físicamente allá por la mitad de la segunda parte fruto del enorme esfuerzo, han podido los nuestros levantar cabeza e igualar un poco las cosas. Pero bueno, no voy a entrar en detalles porque lo he pasado tan mal que ni me acuerdo de nada, y ya da lo mismo.

Sé cómo acabar. Hemos pasado, no sé muy bien cómo porque sinceramente no lo hemos merecido por blandos y a ratos tontos, pero hemos pasado. Y como decía al principio sólo quiero felicitar al equipo por, al menos, no haberse rendido ante un rival tan, tan entusiasta.

Por cierto, si podemos fichar a Guedes por un precio razonable, perfecto, si no, o quizá en todo caso, ese Pedraza es una mala bestia que ha corrido como un loco durante 120 minutos y él solo ha vuelto loco al VCF. Extraordinario. Yo lo fichaba, en serio. Qué animal!


 

jamacuco

Dicen que bien está lo que bien acaba. Y lo cierto es que estamos en semifinales y todos contentos. Pero el VCF no ha carburado bien contra un peleón Alavés. Como en los últimos partidos, en los que los rivales juegan “a otra cosa” que el VCF, los de Marcelino no acaban de ver la luz. Sobre todo cuando Rodrigo, el verdadero capitán y canalizador del equipo, no está sobre el terreno de juego. Sin él, todo es más difícil y el juego creativo brilla por su ausencia. Tan sólo alguna arrancada de Guedes y Gayà. Porque el centro del campo volvió a ser un agujero negro. A ello se le sumo un desafortunado Zaza y un desapercibido Vietto. Lo del argentino no es nuevo, pues excepto el día de su hat trick, el resto de sus actuaciones casi se pueden contar como inéditas. Mal caza la perrita…

En la segunda parte con Rodrigo y Santi Mina, el VCF ofreció más juego y más ocasiones. Kodogbia volvió a coger galones y se tiró a la espalda el peso del centro del campo, llegando también al área (¿esto no era función de otro?) Desgraciadamente nuestra seguridad defensiva ha pasado al olvido, sobre todo en centros laterales por alto. Siempre hay despistes, siempre hay errores…. Mucho que mejorar.

Esta vez la lotería de los penaltys nos dio la cara. Pero lo cierto es que el juego del equipo ha pegado un bajón importante en las últimas semanas….¿Tanto se nota la ausencia de Soler y Murillo?


 

 

 

Ilustración del artículo vía www.valenciacf.com

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