Por Sergi Calvo

Conozco a Albert desde hace unos años, siguiendo su espectacular colección de camisetas y otros objetos valencianistas (@ValenciaMemora – Bajo Palos en Twitter). Es un buen tipo, apasionado del Valencia y de su amada Vall d’Uixó. Portero, aunque nunca le vi jugar, imagino que de los de la vieja escuela: barro en los guantes y botas, camiseta manchada de cal y sudor y voz afónica en el 90’ por mandar a la defensa. Hace unos meses publicó un libro de relatos que ha dado mucho que hablar en el mundo de la memoria valencianista: Bajo Palos, por la Editorial Vinatea. Un libro enciclopédico sin quererlo, un manual literario del bajo palos del murciélago. Un pedazo de libro, vaya.

Desgraciadamente, las circunstancias sanitarias actuales, no solo retrasaron el lanzamiento del libro hasta después de este verano sino que han impedido realizar la presentación con galas y honores que este libro merece.

Me hubiera gustado subir a la Vall y charlar con mucha calma con Albert, de fútbol, de camisetas y sobre todo de porteros. Lo tenemos que hacer a través de teclados furtivos. No importa, Albert tiene mucho que contar y mucho que compartir al esfuerzo colectivo de nuestra memoria. Acérquense a Bajo Palos, no les defraudará.

 

Café Mestalla : No sé por qué, pero me parece que este es uno de esos libros que es “el fruto de una vida”…

Albert Carda: Sí, la verdad es que tanto la portería como el Valencia ocupan gran parte de mi espacio vital. Aún así nunca me planteé que ambos pudieran llevarme a escribir un libro. Yo me siento portero y valencianista, pero no escritor, el mérito de que haya amortizado esas dos pasiones escribiendo Bajo Palos hay que atribuírselo a un tal Salva Raga, que supo ver que yo podía estar legitimado para llevar la portería del Valencia al mostrador de una librería. La verdad es que últimamente no puedo dejar de esbozar una sonrisa cuando pienso en los rapapolvos de mi madre de pequeño viéndome horas y horas frente al televisor repasando en vídeo los vuelos de Sempere o Manzanedo. “Si le pusieras tantas ganas a los verbos o las tablas de multiplicar…” (risas). Mi madre hacía lo correcto, como siempre, pero al final saqué provecho de todo aquello.

CM: Te conozco por tu increíble colección de camisetas y Memorabillia valencianista y a Salva Raga, el editor, por sus libros e incesante trabajo por la memoria antigua de nuestro valencia…. ¿Cómo llegasteis a encontraros?

AC: Fue precisamente a partir de una exposición de camisetas que hice con motivo de las fiestas patronales de La Vall d’Uixó hace unos años. El último día de exposición se me acercó una chica y me pidió mi teléfono. “Mi amigo Salva tiene que ver esto”, me dijo. Nunca he tenido la oportunidad de agradecérselo, pero cinco años después gracias a aquel gesto espontáneo he publicado un libro y lo que es más importante, he ganado un gran amigo, aunque como editor se haya pasado un año mangriñaneándome (risas).

CM: Hay un momento, cuando el libro sale de imprenta y lo recibes entre manos, que es especialmente emocionante. ¿Recuerdas ese momento? ¿Qué te vino a la cabeza?

AC: Fue evidentemente un momento especial, pero muy lejos de como lo había imaginado. Después de un año de mucho trabajo y sacrificio para mí y mi familia, Salva me mandó el primer ejemplar a casa durante las primeras semanas de confinamiento. Tenía el libro en la mano pero no podíamos ni presentarlo ni ponerlo a la venta porque un bicho había puesto en stand by el mundo. Fue muy duro porqué había mucha ilusión invertida y no pudimos presentarlo dentro de los 365 días siguientes al 18 de marzo de 2019 tal y como pretendíamos. Afortunadamente la pandemia nos ha dado algún respiro y el libro está a la venta pero queda pendiente esa presentación en la que queremos reunir a todos los que han defendido nuestro escudo desde la portería y siguen con vida.

CM: Hablemos de porteros y de las cuestiones protocolarias imprescindibles en cualquier entrevista: ¿Qué portero ha sido la mayor sorpresa en el descubrimiento de su trayectoria y personalidad?

AC: Ha habido bastantes sorpresas en este sentido. Comencé el libro por el final, escribiendo los capítulos de aquellos porteros que yo conocí, los que se alinearon desde finales de los setenta hasta hoy, y fue relativamente fácil ya que el punto de partida lo marcaban mis sentimientos y mi memoria, con la ventaja de saber que cualquier dato que se me escapara era fácilmente recuperable gracias a la labor entre otros de gente como Manuel de Ciberche. Si te soy sincero fui avanzando en esos capítulos mirando de reojo la primera mitad del libro que me resultaba en aquellos momentos inaccesible y con el miedo de quedarme a mitad camino, pero el trabajo de investigación de Salva Raga no sólo me permitió escribirla, disfruté haciéndolo, y fue un lujo conocer las viejas porterías de Mestalla y colocarme tras la red para seguir los vuelos de nuestros pioneros y rescatarlos de un injusto olvido. Reí y lloré con historias como la de Mariano Ibáñez, el primer futbolista que aprovechó su estatus para obtener ingresos publicitarios colocando dos botellas de coñac al lado de cada poste, como la de Pío Bau, que acabó vendiendo helados en una playa de Gran Canaria, como la de Janos Acht, nuestro primer guardavallas extranjero, que se pasó toda su vida huyendo de cuantas guerras salían a su paso, como la de Alfredo Greus, un personaje del que se podría rodar una serie con la que Netflix doblaría su valor en bolsa. Son muchas las historias que hemos rescatado, sería complicado elegir una, todas convergen además en un mismo punto, al borde del acantilado que separa la vida de la muerte, el bien del mal, el día de la noche… bajo palos.

CM: ¿Quién es evidentemente “Tu portero”?

AC: Creo que el mejor portero en la historia del Valencia es Santi Cañizares, por rendimiento, palmarés y porqué ha sido nuestro primer cancerbero 2.0, con un perfil mediático al que no se podía acceder desde porterías embarradas, por eso es imposible establecer comparaciones entre Cañete y otros grandes de nuestra historia como Sempere, Zubizarreta, Manzanedo, Pereira, Abelardo, Pesudo, Quique, Eizaguirre, Cano o el mismo Mariano Ibáñez. No se puede comparar a Messi con Di Stefano, ni con Maradona, aunque su esencia sigue vigente hemos conocido ya muchos fútboles diferentes. Pero bueno, contestando a tu pregunta, mi portero se llama José Manuel Sempere, y ni puedo ni me apetece compararlo con cualquier otro.

CM: Y ¿qué portero hubieras preferido que no estuviera en este libro por no haber jugado nunca en el Valencia? Igualmente ¿Qué portero que nunca ha vestido el murciélago te habría gustado ver con nuestro escudo en el pecho?

AC: Respondiendo a la primera cuestión, creo que aún no hemos recibido una hostia con la mano abierta bajo palos, no ha habido un portero que nos haya partido el alma como lo hicieron Mijatovic, Penev, Mendieta, David Villa, Alcácer o Ferran Torres. Está el caso de Pesudo, pero la coyuntura se nos escapa en un fútbol que no tenía apenas minutos en los informativos. Sí que me llama la atención el caso de Neto, que se fue de aquí para calentar banquillo en Barcelona, pudo dejar huella en Mestalla pero incomprensiblemente no quiso hacerlo. En referencia a lo segundo, creo que todos nos quedamos con las ganas de ver a Molina mostrar aquí el nivel que exhibió en el exilio, además, seguro que si le preguntas te dice que hubiese preferido ganar al lado de casa aquella liga que ganó en el Manzanares.

CM: En toda trayectoria de jugadores, porteros, entrenadores… hay figuras olvidadas o al menos minusvaloradas. ¿Quiénes crees que son los porteros más infravalorados o más injustamente jerarquizados en nuestra historia?

AC: En un capítulo de Bajo Palos digo que Mestalla es padre y madre al mismo tiempo, un padre severo que ha silbado a muchos jugadores para convertirse después en madre y llorar su marcha. Un claro ejemplo lo tienes con Ángel Castellanos, con el que lloraron tres generaciones de valencianistas cuando saltó al césped el día que celebramos el Centenari. Yo creo que Mestalla es justo y acaba colocando a cada uno en su sitio, no queda nadie sin su recompensa al final del camino y eso es aplicable también a la portería, aunque la ira del padre Mestalla puede resultar terriblemente cruel proyectada hacia la portería, un lugar ya de por sí complicado.

CM: Tras la escritura y publicación del libro, imagino que has tenido algún “feedback” de alguno de sus protagonistas… ¿alguno te ha hecho especial ilusión?

AC: El grueso de las entrevistas para recopilar información a lo largo del proyecto ha sido cosa de Salva, algo que le agradezco porqué a él se le da muy bien y yo soy muy tímido según para qué cosas y presentarme en casa de alguien para entrevistarlo me produce cierta incomodidad, no puedo dejar de pensar que estoy molestando, pero curiosamente me entrevisté con tres personas ya acabando el libro que me marcaron. Forment almorzó conmigo para hablarme de Abelardo y me encantó charlar con él. Rosita, viuda de García Sánchez, me contó porqué le apodaban “Tabardo” en un almacén debajo de su casa en Sagunto y me encantó escucharla sentado en un saco de pienso. Y la más especial fue mi charla con Ramírez Gálmez, el mayor de nuestros porteros con vida. Hablé con él en su apartamento de Castelló y a pesar de su dificultad para recordar debido a la edad, me conmovió su mirada, aunque suene retórico, en sus ojos vi claramente todos los secretos que encierra la portería para hacer especial a aquel que la ocupa.

CM: Aunque los relatos de cada uno de ellos son esencialmente literarios, ello no escapa al hecho de que en muchos casos haya un recuerdo crítico o punzante hacia alguno de sus protagonistas… ¿Te arrepientes de alguno? Es decir ¿Hay algún portero al que le has “metido caña” y ahora pienses… “¡ostras! Tal vez me he pasado”?

AC: No, para mí el hecho de ser portero ya es un acto de valentía que no merece ningún reproche, no se le puede meter caña a un portero, es una injusticia tremenda. El año pasado el Atlético de Madrid eliminó al Liverpool de la Uefa Champions League tras un error del portero de los Red Devils. Virgil van Dijk no dudó en echarle la culpa de la debacle a su portero en sala de prensa, no se paró a pensar que él había marrado tres cabezazos claros en el área de Oblak. Así es la vida en la portería, más complicada si cabe en un lugar como Mestalla. Ninguno de nuestros guardianes merece una sola crítica, al contrario, un agradecimiento eterno que se convirtió en uno de los objetivos que ha impulsado esta obra.

CM: Hay tipologías de porteros más o menos estandarizadas: “bajito con reflejos” “saltarín, palomitero” “sobrio” “gigantón”…  ¿hacia dónde crees que está evolucionando la figura del portero actual? ¿Cuál de estas tipologías te convence más? ¿Quiénes crees que son sus mejores representantes en la historia del Valencia?

AC: Como te comentaba antes, no se puede comparar por ejemplo a Manzanedo con Jaume Doménech, el primero no era alto pero volaba sobre suelos embarrados para blocar el balón, el segundo no hubiese llegado a la élite sin una estatura considerable y sin un buen manejo del balón con los pies, algo que nunca necesitó el primero. El fútbol cambia, y hoy se estandariza al futbolista ideal, difícilmente tendrían acceso a equipos punteros futbolistas como Juanito, Solsona, Onésimo, López Ufarte… no se busca hoy ese tipo de futbolista en las escuelas. Aplica lo mismo a la portería, imagina a tipos como Sempere, Arconada, Buyo, Ablanedo y compañía, que en algunos casos rozaban el metro setenta, en el fútbol actual, es imposible. Hoy, el nuevo fútbol ha acercado al portero al jugador de campo, debe dominar el balón con los pies, ya no elige su mono de trabajo, tal vez estamos asistiendo a una deshumanización de la portería. Si he de elegir, me quedo con aquellos guerreros que marcaban su territorio sobre el barro con los tacos de aluminio, aquellos que nunca hubiesen jugado con manga corta, aquellos que se jugaban la vida lanzándose a los pies del delantero en lugar de dibujar un escorzo para cubrir la portería que, aunque efectivo, los aleja de la lírica.

CM: ¿Cómo valoras la portería actual del Valencia?

AC: No recuerdo al Valencia con problemas en la portería, si al contrario, con la necesidad de relegar al banquillo a un buen portero en muchas ocasiones. Jaume y Cillessen son completamente diferentes, el holandés me parece un excelente portero que no está teniendo suerte con las lesiones, el Gat d’Almenara es un poco el reflejo del escudo que defiende, capaz de llegar a lo más alto para después darse de bruces en el barro, y lo más importante, sobrado de pasión, así es el Valencia CF y así es Jaume, para bien y para mal.

 

¡Lean Bajo Palos! Lo pueden encontrar en las mejores librerías del país y en la propia web de la editorial Vinatea. Una portería a cero es el camino del éxito. ¡Hagamos memoria!

 

 

 

 

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