El VCF perdió 2-0 en su duelo ante el FCB, a pesar de hacer un muy buen partido. Así lo hemos visto en Café Mestalla.

 

penalParejo

Arias4ever

Empezar con 1-0 no es la mejor manera. Nunca lo es y menos en el Camp Nou. El fantasma de una goleada comenzaba a dibujarse en mi mente, pero rápidamente se disipaba; el tiempo que necesitó Rodrigo en quebrar a Piqué y disparar cerca del palo. El partido mostró una dimensión desconocida, el VCF no solo no se venía abajo, es que jugaba en campo del Barça. Piqué seguía a lo suyo y cometía penalti sobre Rodrigo, lanzaba Parejo (mal)… y seguimos jugando bien, y seguimos dándole un repasito al Barça, y seguimos sin acertar a meterla (lástima de palo Paco).

La 2ª parte con los cambios de Luis Enrique y el bajón del Valencia ya resultó anodina, y a pesar de eso, el parcial era 0-0. Y así pudo terminar, hasta que una perdida absurda con todo el equipo en campo culé (como debe ser), permitió a Messi batir a Alves tras no superarle en el mano a mano y aprovechar el rechace.

La jornada ya era complicada para los intereses del VCF (el Patético ya va ganando), pero deja muchos motivos para el optimismo. El principal: el Valencia compite, con sus carencias, con sus errores…..pero compite.

Ahora a buscar el pleno en los próximos 3 partidos.

 

Jomi Lavarías

Si tuviese que titular esta crónica lo haría con esta frase: Una derrota que invita al optimismo. Porque hay derrotas que invitan al optimismo y victorias que dejan mal sabor de boca. Y el partido de hoy ha dejado bien a las claras que este Valencia de Nuno, gran planteamiento el suyo, sigue creciendo y aunque entrar en Champions va a estar carísimo esta temporada, tanto futbolísticamente hablando como en actitud, hoy al Valencia CF no se le puede poner ni un pero. Tan solo la falta de fortuna y de acierto, ha privado al Valencia llevarse la victoria del Camp Nou. La primera parte ha sido sublime. Como suele decirse, un baño en toda regla. Desde el minuto 1 al 45. Muchísimo tiempo sin ver un Valencia CF tan autoritario en el campo de uno de los transatlánticos de la liga. Y en la segunda parte, con el lógico bajón físico, jamás le perdió la cara al partido. Hoy es de esos días en los que la palabra orgullo más se escribirá y dirá entre los aficionados valencianistas, y es que no es tan difícil contentarnos. Con garra, entrega y un poquito de fútbol, nos tienen ganados.

No quiero pasar por alto los comentarios parcialísimos de la retransmisión de Canal Plus Liga, con Luis Milla entre los comentaristas. Que alguien me corrija, pero Luis Milla jugó en el Valencia, CF ¿verdad? Y si no me equivoco fue entrenador de las categorías inferiores, ¿cierto? Y se le trató muy bien, ¿no? Pues hombre, ya sabemos que jugaste en el FC Barcelona y que ganaste cosas allí (mira, mismo número de títulos que con el Valencia CF), pero disimula un poco, que el Valencia CF te trató con el mismo respeto o más que allí, pues te dio un lugar donde pasar tus últimos años como futbolista.

 

Toni Calatrava

Sin pegada, no hay paraíso. Partido condicionado desde el segundo 57 de partido: tres toques verticales del FCB y mano a mano que resuelve Suarez. Pegada. A partir de ese momento empieza la siesta del Barça, que durará 44 minutos más.

Cierto es que la primera parte del VCF ha sido muy buena, haciéndolo todo bien hasta llegar al área, donde no se han elegido las mejores opciones en las numerosas llegadas o se ha rematado mal. Bien colocados, presionando, anticipando y robando … pero sin pegada. El penalti errado por Parejo (lo falla él, no lo para el portero) ha sido determinante.

Hemos sacado nulo partido a las jugadas a balón parado: ni una sola de las faltas laterales ha supuesto peligro, al igual que los corners. En estas jugadas, otros equipos suman puntos cada semana.

La segunda parte el Barça ha estado a nivel más alto, controlando en todo momento los ataques (tibios, blanditos) de nuestro equipo y abrumando con posesiones muy largas. Ha faltado un arreón final que me he quedado esperando a partir del minuto 75.

Inexplicable la posición de Alves en el 2-0, debería estar casi en el círculo central esperando una balón como el que ha recibido Messi.

 

jamacuco

El VCF actual es un equipo joven con espíritu campeón pero no es un equipo campeón. Como se suele decir, le falta un hervor. Está tierno. Se lleva viendo a lo largo de la temporada y la actuación en el Nou Camp, si no nos cegamos con la brillantez de la primera parte, lo viene a corroborar. Un equipo campeón no puede dejar vivito y coleando a un rival, aunque sea un gran rival como el Barça, después de haberlo tenido contra las cuerdas, incluso en la lona, la mayor parte del primer acto. Lástima de primer minuto de partido, en el que una rápida acción de Messi y disparo cruzado de Suárez acabó en la red. ¿Falta de concentración de inicio? No lo sé, pero pienso que un equipo campeón no se lo puede permitir; te condiciona el partido. Después vino el baño del VCF. Baño en juego, que no en goles desgraciadamente, con desperdicio de penalti incluido. Esta vez Parejo no pudo maquillar sus estadísticas con un golito desde los once metros. Y es que el VCF parecía negado a puerta pese a la avalancha de fútbol, destacando Alcácer, Rodrigo y Feghouli, imposibles de marcar con sus hábiles y rápidos movimientos, y un excelso André Gomes (estoy seguro que en can Barça habrán tomado nota).

La segunda mitad fue mucho más tranquila, con un Barça viéndolas venir y ejerciendo el fútbol control al que nos tiene acostumbrados en la última década. Aún así, el VCF parecía capaz de pegar algún zarpazo a los blaugranas. La tuvo Rodrigo Moreno, pero la leyenda sobre su gafe cara a gol aumenta cada partido. Y ya no hubo mucho más, salvo minutos y datos para las estadísticas. El equipo a partir del minuto 70 desapareció debido al bajón físico y los cambios de Nuno no ayudaron a enmendarlo. Y es que hasta en esto el VCF, a pesar del espíritu luchador que transmite, parece un puntito por detrás de lo que todos los valencianistas queremos y merecemos: un VCF campeón.

 

Drakul

Un Valencia que sigue creciendo se atrevió a soñar en el Nou Camp. Un minuto, una jugada tonta, empañó lo que en realidad fue un tremendo baño al Barça en los primeros cuarenta y cinco minutos. El Valencia había sido superior en todos los aspectos del juego. Controló el partido, presionó arriba, ahogó su salida de balón y pudo haber sentenciado el partido. Pero he ahí esos intangibles del fútbol se cebaron con el Valencia. La falta de personalidad de Parejo al tirar el penalti (que pequeña se le hizo la portería), Rodrigo que hace todo bien, que tiene un golpeo formidable pero que no le mete un gol ni a la boca de Mick Jagger o Bravo que, como en la ida, le robó el papel de estrella azulgrana a Messi y Neymar.

El único punto negro se lo doy a los cambios de Nuno. No me gustó que retirara a Alcacer y no me gustó que entrara Cancelo en detrimento de Rodrigo de Paul. En el primero de los casos, Negredo y Alcacer podrían haber dado un plus al juego directo y en el segundo, el nervio del Argentino podría haber sido una ventaja.

El segundo del Barça fue una pura anécdota, demasiado castigo para un Valencia que mereció rascar algo mas.

 

Lobo

El karma no fue justo. El VCF saltó al Camp Nou a merendarse al FCB, a dejárselo todo en una 1ª parte pletórica y machacarlos antes que se dieran cuenta. Esa fue la intención, pero la realidad fue distinta. Apenas un minuto después del pitido inicial, en un fogonazo, el equipo local se adelantó en el marcador. Al menos no pudo hacer más. El VCF no se vino abajo como muchos temimos, a partir de ahí puso en práctica un fútbol agobiante para el rival, rápido, intenso, presionante y disciplinado, por momentos brillante, arrollando sin compasión por el centro por un lado y por el otro, vaciándose para conseguir su propósito. Y muchas fueron las ocasiones de voltear el marcador, incluido un penalty a favor, pero cuando el karma no es justo nada sale bien. Una oportunidad tras otra se fueron al limbo de la injusticia futbolera, a la nada que recordará la historia. El FCB salió vivo de milagro, sabiendo que les habían pasado por encima, sorprendidos de ir por delante. Pero por delante.

En la reanudación la cosa cambió. Luis Enrique retocó su equipo y ya nada fue igual. El FCB pasó a jugar como le gusta, tocando y tocando, aburriendo al rival y buscando un agujero entre sus líneas. El VCF pagó caro el esfuerzo, ya no presionaban ni corrían igual, y fueron a remolque. Habían hipotecado el partido en la 1ª mitad y ya fue imposible hacer frente al FCB, que afortunadamente tampoco estaba para muchas florituras. El 2º gol fue una anécdota.

Se podía perder y se perdió. Con la cabeza muy alta, pero de poco sirve el orgullo en la tabla. Tres puntos que vuelan en la lucha por la UCL, que sigue cara carísima, como nunca. Y ahora no queda más que dar el callo ante rivales presuntamente asequibles que, paradójicamente, son los que más sustos dan al VCF. 9 de 9, eso es lo único que vale.

 

Hoeman

No mereció perder el Valencia, pero es lo que tiene poder gastarse 80 kilos en un jugador como Luis Suárez (¿Es Neymar uno de los mayores fraudes de la historia del fútbol?); la ambición que no mostró el equipo contra Villarreal o Athletic sí salió a relucir frente Barcelona, pese al varapalo inicial el equipo che hizo que todos los valencianistas se sintieran orgullosos de una primera parte que sólo podría haber sido mejorada con acierto cara a portería.

Ya mostró Luis Enrique su temor antes de iniciar el encuentro dejando sentado a Jordi Alba y haciendo que compartieran el centro del campo Mascherano y Busquets. El Valencia presionó muy arriba con todos los efectivos muy adelantados (excepto Alves), tanto es así que al Barcelona le costaba horrores superar la línea del centro del campo y perdía el balón enseguida; las oportunidades claras por parte de los del Valencia llegaron (¡aunque quizá faltase mordiente y garra!) pero no se materializaron, incluido un penalty marrado por Parejo que pudo haber cambiado el desarrollo.

En la segunda parte el Barcelona introdujo variantes (Mathieu al lateral izquierdo, Rakitic en el centro del campo), lo que unido al declive físico de los valencianistas, favoreció que pudieran ejercer su juego, un juego muy descafeinado, por cierto. Fútbol-control a partir de la posesión de la pelota, mientras el Valencia esperaba agazapado en propio campo pero con pocas energías para intentar los contragolpes. Si bien el cambio de Gayà estuvo perfectamente ejecutado (se mascaba la segunda amarilla para Orban), no entendí los otros dos cambios de Nuno. Me explico: 1. Rodrigo, que hizo una primera parte sobresaliente en cuanto a curro, se notaba que no podía con su alma (y de hecho dejó de defender) y pese a ello acabó jugando los 90 minutos (déjà vu). 2. Tal y como están las cosas: daba igual perder por uno, dos o cuatro goles: ¡por ello retirar al hombre-gol del equipo me pareció un craso error! A mi juicio, tendría que haber jugado los minutos finales con Paco y Álvaro (escoras a Gomes a banda y se convierte en un arma más de contragolpe sin perder seguridad defensiva).

 

Mario Selma

Siendo franco, mi quiniela no pronosticaba ningún punto en feudo culé, por lo que al término del partido el cauce resultadista no presentaba borrones de ningún tipo. Todo en orden.

Vayamos a las sensaciones, ay, esas que algunos soslayan o subrayan según sople el viento que ondea su bufanda. Vimos al Valencia más resuelto y vocacional ofensivamente de la temporada -buen tanto para Nuno, afeado por sus muchachos-, borrachito de amor, engolosinado ante un Barça desleal consigo mismo, anidando sin complejos en demarcación tabú. Pudiendo calificar la emocionante primera mitad de baño -fue la tendencia vespertina para paliar la abrumadora ineficacia-, dicha interpretación, en su acepción futbolística, suele ir acompasado de un luminoso consonante, y no fue el caso. Abrigarlo todo en el voluble azar es de un empalagoso romanticismo. No fue más que la constatación de un ataque en horas bajas, numéricamente hablando.

Aunque caigamos inexorablemente en el ya instaurado deje del ‘Y si’ -esta jornada fue el turno de Jackson y Griezmann-, no dejan de ser condicionales extrapolables sin fundamento empírico; lo que allí funciona, aquí no tiene por qué hacerlo. Y al contrario. Este equipo es el que es, a estas alturas está donde merece, con lo que tiene y con lo que le falta. Pero no apostata de sus capacidades ni por asomo, y esa es la peana sobre la que erigir la vuelta a los orígenes: los de no perder la cara ante aquellos que disponen de más y mejores armas que tú. Primero construir, después competir y, por último, campeonar. Pretender saltarse un renglón es no saber de dónde venimos.

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