Sergi Calvo

El Getafe es imbécil.

Imbécil porque cuando quiso, nos aplastó, dominó y maniató sin demasiados problemas. Siendo un equipo que sabe a lo que juega pero que presionando y atacando, pudo sentenciar incluso la eliminatoria…. Y sin embargo la fastidiaron… la fastidiaron y mucho al final, hipotecando la vida al marrullerismo y la pérdida de tiempo y no viendo que el vendaval que se avecinaba no había de ser contrarrestado de esa manera.

Así se tira a la basura una eliminatoria. Bravo.

Y el Valencia, que no supo jugar y se mostró inferior en tres cuartos del juego, desempolvó el viejo manual del “Bronco y copero”. Allá vamos:

Gayá se encargó de, él solito, encararse con todo azul sobre el césped. Gayá contra todos, “yo me encargo del tema”, asumiendo el gen valencianista esencial y fundacional en esta temporada. Ni Carboni.

Y un giro táctico/técnico: Las entradas definitivas de Cherisev y Gameiro. El ruso: siempre juega al mismo ritmo y hoy, se produjo la alineación perfecta, su calidad y frialdad en la tormenta eran exactamente lo que necesitaba el partido. Y Gameiro, que hace algo más que correr. En la vorágine alguien debería hacer constar que el desmarque y la asistencia del gol definitivo es de Kevin Gameiro en un movimiento extraordinario.

Rematado por Rodrigo: Cinco goles en tres partidos.

Nada más que contar, por fin la noche épica soñada, por fin el final feliz y catárquico que la afición, el club y los jugadores necesitaban. Por fin.

Bronco y copero.

Si.

Bronco y copero.

Pd. No puedo evitar contar una anécdota personal en la vorágine de celebración final. Entre los brincos, bufandeos y los abrazos con mi buen amigo Dámaso (que está reviviendo antiguas edades en sus visitas conmigo a Mestalla) se me ha desconectado el jack/auricular de la radio. Instintivamente lo he vuelto a conectar, saltando el automático del reproductor de música del Mp3 del móvil. De modo que, sin darme cuenta al instante, toda la tangana final y los gestos de Rodrigo a la grada, la seguridad aporreando a la expedición azulona, los abrazos y el éxtasis de las bufandas al aire… han tenido la banda sonora en los auriculares del tramo final de “All Along the watchtower” y “Crosstown Traffic” de Jimi Hendrix. Yo sin darme cuenta de ello, interpretando la música de Hendrix como la (ya para siempre) banda sonora mental del momento.

Escúchenlas y póngalas de fondo a estas imágenes de violencia y éxtasis por la victoria.

Alucinante.


 

Peris

Hugo Duro, jugador de la pedrera del Getafe, sense voler, ha segut determinant. Tapant el remat de Jorge Molina, un jugadoràs tot siga dit. I a la jugada següent, Rodrigo ha culminat la remuntada copera que fa que el dimecres siga festa. I tenia pinta de ser funeral amb el matiner 0-1, en un despropòsit conjunt, culminat per la mala col·locació de Jaume, que igual que et dona, et lleva.

El futbol sembla més fàcil quan la pilota entra. Quatre vegades va entrar, encara que només tres van tindre validesa. I la sort, no per l’encert. L’esquena de Duro, el no ser determinants les perdues de baló, les vigilàncies constants de la línia defensiva quan es tenia la pilota i els talls providencials. Son milímetres, son dècimes de segons, però son decisius per tindre el somriure que el valencianisme portarà a la cara fins el pròxim partit.

I hui s’han fet coses des de la banqueta per modificar el resultat. Opcions diverses, desdoblaments, joc ràpid, variants tàctiques, camp ample. Que pot ser que abans també es feien, però Rodrigo no marcava. I hui ha fet tres. I Cheryshev ha aportat. I Ferran. I Kang In. Per nomenar als que son diferents.

I com queda Bordalás, tenint-ho tot de cara per portar al seu equip a semifinals? Doncs jugar així com juga el seu Getafe comporta els riscos que hui ha patit i l’han fet caure. Mantindre intensitat implica medir molt i tallar molt el joc del rival per mediació de faltes. I determinades faltes porten targetes. Danys col·laterals dels que no es pot després lamentar-se ni plorar. Com ha fet Jorge Molina al flash interview de la tele. És un jugadoràs, però jugar com juga el Getafe implica després no queixar-se. Perquè moltes vegades algun company seu ha acabat el partit sense meréixer-ho.


 

Lobo

Qué noche grandiosa! Confieso que a falta de apenas 5 minutos ya tenía mi crónica en la cabeza, y no era precisamente comprensiva ni conformista. La verdad es que caer ante el Getafe era un palo gordo. Aun así casi no he podido ver el final, de puro nerviosismo, solo gritar como un loco cuando ha subido al marcador el tercer gol. Ahora apenas sé qué decir. Solo que el fútbol es la hostia y a veces ocurren los milagros, que en realidad no lo son tanto. El caso es que chispazos así, momentos tan intensos, noches tan épicas, emotivas y alegres, pasan una vez cada década.

Y me alegro. Mucho. Por la plantilla, por Marcelino, por la propiedad. Pero sobre todo por nosotros, por la afición, por mi, por mis hijos. Estas cosas son las que hacen cambiar de verdad dinámicas. Partidos así son el pilar sobre el que edificar el futuro a corto/medio e incluso largo plazo. Necesitamos éxitos así. Creer que podemos, saber que debemos. Que nos vuelvan a odiar, no seguir siendo el equipito amable y mediocre que no molesta y al que es fácil ningunear. Somos el VCF. El puto Valencia. Y partidos así nos hacen grandes. Pero de nada servirá si solo lo celebramos y volvemos a conformarnos. Hay que exigir esto siempre, pelear hasta el final con rabia, luchar hasta la muerte.

Esto es el VCF. Este es el VCF del que mis hijos y yo estaremos orgullosos. Vamos, a por la Copa y lo que nos pongan por delante!

 

AMUNT!!


 

Jomi Lavarías

Anoche mientras regresaba de Mestalla hacia casa solo tenía ganas de llegar y volver a ver los últimos diez minutos de partido. Desde el momento en que Rodrigo hacía el 2-1. Fue una sensación que hacía años no tenía, volver a ver repetido de inmediato unos lances de un partido del Valencia. Porque incluso no recordaba ni cómo había sido el tercer gol, de verdad. No era capaz de visualizar en mi mente cómo fue la jugada. Necesitaba revivirlo de nuevo.

Por supuesto tampoco era capaz despues de lo vivido de sentarme y ponerme a escribir unas líneas sobre el partido. Bueno, en realidad el partido era lo de menos. En ningún momento pretendía, ni pretendo ahora, hablar del partido. El fútbol anoche fue secundario. Lo de anoche fue una sucesión de emociones y sentimiento. Si no me falla la memoria jamás había vivido algo así. Por compararlo a alguna otra noche, quizás la de la remontada al Madrid en la 91-92, en los últimos minutos. O el gol en las postrimerías del encuentro contra Osasuna en la primera liga de Benítez, cuando con 1-1 Djukic salva bajo palos un chut de Gancedo, en una jugada muy parecida a la de Cardeñosa en el mundial 78, y en el ataque posterior marcaba Sánchez de cabeza. Pero lo de anoche… no tiene parangón, bajo mi punto de vista. Por el rival, que se le tenía muchas ganas, porque teníamos la eliminatoria perdida y hubo que tirar de épica y por cómo se produjeron los goles, sobre todo el tercero tras una ocasión clara de ellos que prácticamente saca un jugador azulón bajo palos. A partir de ahí la contra vertiginosa llevada por Kangin y Gameiro. Y a partir de ahí dejé de recordar lo sucedido. Lo único que recuerdo es que me entró un miedo exagerado en la grada, miedo a cagarla de nuevo, miedo a llevarnos un palo como el que estamos acostumbrados últimamente.

Pero esta vez no. Esta vez el Valencia del centenario escribió una de las páginas más emotivas que se recuerda en los últimos años. Porque las victorias así, auqnue luego no sirvan para ganar un título, pasan a la historia. Y lo de anoche será recordado para siempre.

Este equipo, este club, esté quién esté y mande quien mande, está vivo. Jamás morirá. Y todos los que allí estuvimos y los que hicieron fuerza desde sus casas como si en Mestalla hubieran estado sabemos que si estamos juntos y unidos somos imparables y podremos conseguir todo lo que nos propongamos. Anoche lo demostramos.

Amunt.


 

 

Ilustración del artículo vía valenciacf.com

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