Juan Martín Querol Rodríguez

Me voy a meter en un jardín de esos que tienen muchos charcos y alguna que otra espina. El próximo 16 de diciembre de 2021, el Valencia Club de Fútbol, SAD celebrará la Junta General de Accionistas, en la que se aprobarán las Cuentas Anuales (CC.AA.) del ejercicio 20/21. Las CC.AA. son una serie de documentos contables/financieros que la ley obliga a las empresas a elaborar y presentar en el Registro Mercantil y que pretenden informar de la situación económica actual a todas aquellas personas que mantengan una relación con la entidad que las emite.

Las CC.AA. son una foto fija que recoge la cuenta de resultados (los ingresos menos los gastos), el balance de situación (el activo, el pasivo y el patrimonio neto), el estado de cambio del patrimonio neto (las operaciones de ampliación de capital, dividendos, pero que no influye en el resultado), el estado de flujos de efectivo (informa de la variación de efectivo) y la memoria (amplia y comenta la información anterior).

En las CC.AA. presentadas se da la situación que los gastos han sido superiores a los ingresos, lo que ha conllevado a que se disminuya el Patrimonio Neto (lo que vale la sociedad) por debajo de la mitad del capital social. Cuando esto ocurre se entra en causa de disolución y los administradores están obligados a revertir esta situación vía una restitución del patrimonio neto, bien sea con aportaciones de socios, prestamos participativos o, como será el caso, vía la ampliación de capital. De lo contrario podrían ser acusados de administración desleal y responderían con su patrimonio.

Todo esto viene a cuento porque desde el valencianismo hemos de entender que “nuestro” Valencia Club de Fútbol es una sociedad anónima, deportiva si se quiere, pero ya no es un club de fútbol y, si me apuran, ni siquiera es nuestro, sólo una parte muy pequeñita.

Hay varios tipos de directivos, los hay que entienden y empatizan con la filosofía de las empresas y los hay “destroyers” que sólo se preocupan de los resultados, económicos se entiende, sin importarles el precio a pagar. Nos han tocado los segundos y la prueba de ello es que en la web oficial del Valencia Club de Fútbol no hay ni un sólo ejecutivo español en el Consejo de Administración, ya no digo valenciano, ¡NI UNO!, aquí la prueba https://www.valenciacf.com/es/club/directors-board .

Si se analizan las CC.AA. con visión contable/económica/financiera, lo anterior queda claro desde el primer momento. Aún con la disminución de ingresos por motivos obvios como consecuencia del COVID, los gastos también disminuyen en todas las partidas, pasando de 251.237 M € en 19/20 a 202.064 M € en la 20/21.

En el aspecto de los préstamos con entidades de crédito, cobra mucha relevancia este aspecto, pasando de los 145.817 M € en 19/20 a los 118.423 M € de la 20/21, una disminución de 27.394 M €, y aquí no se tiene en cuenta el préstamo de la Sociedad Dominante. Esto ha sido posible gracias a los resultados por enajenaciones y otras (las ventas de jugadores por importe de 49.384 M €) con el objetivo de reducir el déficit de la cuenta de resultados, sin importarles lo más mínimo la debilitación de la plantilla deportiva. La rebaja de la deuda antepuesta al resultado deportivo, el sometimiento a los presupuestos contables.

El Valencia Club de Fútbol SAD se rige por la democracia de las mayorías accionariales, como cualquier empresa y aunque en mi vida profesional he sufrido actuaciones en juntas de accionistas propias de regímenes dictatoriales, el hecho de que para acudir a la junta se necesiten 3.598 acciones me parece propio de una tiranía que no acepta la disidencia.

Ante tales formas de administración se pueden optar por diversas estrategias, todas ellas respetables siempre que se ejecuten con educación y respeto, aunque como sociedad anónima que somos, la más efectiva es conseguir agrupar un 5% de las acciones, porque con eso se puede plantar batalla y fiscalizar la gestión de esos ejecutivos. Personalmente ya he censado.

Triste realidad que nos ha tocado vivir. Esperemos que no me salgan muchos enanitos en el jardín llamándome de todo.

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