Sergi Calvo

Nunca aquello tan manido de “entre todos la mataron y ella sola se murió” puede resumir de una manera tan certera y precisa lo sucedido en esta desnortada campaña, que se presumía de dulce resaca post Centenari y ha sido más bien una desagradable migraña que, a día de hoy, no parece ni mucho menos atenuarse.
 
Entre todos.
 
Sí, “entre todos” porque como La Vaquilla de Berlanga, unos y otros han estirado la sogatira del murciélago hasta dejar al club roto y vacío de ilusión. Entre todos, repito: TODOS.
 
El final del verano llegó.
 
Decir hoy que el cese/despido de Marcelino, entrenador artífice de la inolvidable Copa del Centenari, era un hecho cantado, suena a justificación, a «blanqueamiento» (odiosa palabra, cómo si esto fuera algo más que solamente fútbol) pero la realidad es que la alegría por el título copero duró poco: la pretemporada fue un destarife donde nadie estuvo a lo que debería estar. Es en estos días de imprescindible trabajo físico y asentamiento de conceptos cuando se sembró la semilla del fracaso posterior. Sí, por un momento dio la sensación de que el técnico asturiano estaba buscando premeditadamente su despido. Es cierto que Marcelino era piedra angular del éxito deportivo pero también es cierto que no es sostenible que un empelado, un empleado, sí, de una empresa, se dedique a menospreciar públicamente a sus jefes. Puede que con toda la razón del mundo, o no… no importa, ninguna empresa lo permite, ninguna empresa lo puede permitir… que se le pregunten a Roig en la vecina Vila-Real.
 
Así que cientos de aficionados valencianistas asistimos con estupor e incredulidad como la situación se hacía insostenible y nadie, absolutamente nadie, tenía el talento ni la capacidad de reconducirla. Adiós Marcelino. Inexplicable. Por todos los lados.
 
Semanas después, el presidente Murthy hacía unas declaraciones que fueron tan desafortunadas como malinterpretadas: aquella traducción como “funcionario” en tono despectivo en su interpretación. No, Murthy no se refería a Celades, nuevo entrenador, sino que decía, alto y claro, que el motivo del cese de Marcelino es el no haber sido un trabajador, un empleado de la empresa. Cambien ustedes el término “funcionario” por “empleado” y las declaraciones tomarán, creo, su verdadero sentido.   
 
La marcha de Marcelino, creo sinceramente que inesperada en la deriva de los acontecimientos de pretemporada, deja a Meriton, Lim y especialmente a Anil Murthy completamente desnortados. Todavía la situación parece, aparentemente, reversible, pero la posterior y encadenada marcha y desprecio a Mateu Alemany es, sin duda, el gran error, de proporciones pantagruélicas de la propiedad. ¿Por qué se marchó el ejecutivo mallorquín? Hay quien dice fidelidad a Marcelino, hay quien dice hartazgo del juego de despachos, hay quien dice enfrentamiento directo… es algo que, desengáñese, querido lector, solo saben los implicados y nadie más. El caso es que, con la marcha de Mateu, el club pierde el norte y su principal activo institucional, quedando en manos de un Anil Murthy desquiciado y su inoperante séquito. Ya no hay solución.
 
Y llega el otoño. Celades.
 
Miren, aún reivindico a Celades, y creo que soy el único por estos lares. Ciertamente su experiencia es bien reducida, pero fue inteligente el andorrano y (dicen) supo contener la hemorragia en sus inicios. Elegancia, educación y reflexión para intentar evitar una zozobra que ni Klopp podría evitar. Celades ha sido una víctima colateral, alguien que ha sufrido el mayor de los desprecios, simplemente porque pasaba por allí. Punto.
 
Porque somos así.
 
Y estalló la guerra. Al principio negada por sus contendientes, luego abierta y declarada, cada vez más hostil, cada vez más desagradable, cada vez más llena de insultos y faltas de respeto elemental.
 
Guerra entre aquellos partidarios de no quemarlo todo (¿en serio hay gente que piensa que se apoya o se defiende la nefasta gestión de Anil y sus secuaces?) y gente que, en su absoluta legitimidad, son partidarios de un cambio total en la propiedad y cimientos del club (¡Cómo si los que dicen en el otro lado, no estuvieran también deseando aquello!).
 
Miren: En mis años de BUP y COU, tenía la ilusión de convertirme en periodista deportivo, un muy buen amigo y compañero de aventuras juveniles consiguió nuestro sueño compartido y ahora escribe y expone información en sobre blanco y radios más que prestigiosas. Yo decidí enrolarme en otras batallas de pasado y futuro.
 
Lo digo porque la profesión de periodista deportivo me parece una de las más bellas e ilusionantes que existen. Hay en esta ciudad, grandes periodistas, gentes que informan y exponen los contextos con solvencia, maestría y didáctica. Trabajadores honrados que da gusto escuchar, leer y, afortunadamente, conversar ante un café o una pantalla. Pero, desgraciadamente… no son muchos. Todos, TODOS, incluso estos que he dicho, tienen sus intereses y estrategias, lo que se llama “Línea editorial”. Miren sus anunciantes, sus apadrinamientos, sus filtradores, sus intereses… TODOS. Y aquí está el problema, porque uno es dueño de sus silencios, pero esclavo de sus actos y de sus palabras… y, en el caso de la prensa, esclavo de sus intereses. El sagrado trabajo de un periodista es informar con veracidad y exponer los contextos para que el receptor de la información pueda generar su propia opinión libre con conocimiento de los hechos veraces. No es “convencer” a nadie, no es ser protagonista, ni tan siquiera opinar como tal. Como historiador no puedo tomar partido, cuando lo hago (irremediable pues soy ser humano) dejo de ser historiador y me convierto en “yo”.
 
Me explico: No puedo discutir con un astrofísico acerca de los quásares intergalácticos, pero, en el supermercado, su opinión sobre el sabor de los yogures, tiene tanta autoridad como la del pequeño que juega distraído sin hacer caso a sus papás.
 
La prensa está revestida de autoridad en cuánto a información y detallado de contextos pero, esos mismos periodistas, cuando entran en la opinión, no tienen más valor ni autoridad que ninguno de sus oyentes. Proyectos de popes hay en estos lares a decenas, pero, sinceramente, si hemos de opinar sobre el contextos, prefiero hacerlo con mis compatriotas xuferos Alejandro, Jomi o mi vecino Jorge, con mi tocayo Sergi B/N, con Jesús, o José Ricardo y mis amigos de uvaM… o con cualquiera de ustedes, lectores, que tienen la misma autoridad que cualquiera de estos líderes de opinión y seguramente, intenciones mucho más limpias.
 
Chaval… ¿Pero esto no era un resumen de la temporada?
 
Pues… sí… porque esto ha sido la temporada para muchos: pontificar, sermonear e ignorar la realidad tangible. No importa que el equipo gane en San Mamés o en Amsterdam o pierda de manera bochornosa en Mallorca o Leganés. Yo a lo mío, con mi discurso, únete a la causa. Mi causa, la única correcta, la única valencianista, la única que merece respeto no como los “…” que son unos “…” y la pagarán cara.
 
Y así se fueron sucediendo los domingos y los miércoles: algún chispazo ilusionante, alguna decepción pasajera… Pero… ¿en realidad a alguien le ha importado lo que ha sucedido en el verde?.
 
Sinceramente, creo que NO.
 
Pollos sin cabeza.
 
Pero aquí hay para todos, porque “Entre todos” es ENTRE TODOS. Las habilidades sociales y gestoras de la propiedad, no es que hayan sido cero, ojalá, es que han sido no más que gasolina que ha agravado la situación y aumentado la sensación de pesadilla. Anil Murthy ha campado a sus anchas sin nadie que le advierta que ha perdido el norte, el rumbo y la chaveta. Parece haber disfrutado incluso de la situación, añadiendo más tensión y ejerciendo, con una terrible falta de empatía y voluntad de entendimiento. Lo contrario que se supone al buen trabajo de un diplomático. Mientras, desde Singapur, un silencio que es norma de funcionamiento pero que ahora ha sido letalmente inoportuno. Se he producido una ruptura, probablemente irreversible entre propiedad y afición. Una desafección mutua que, a día de hoy, no parece tener arreglo alguno.
 
Mordemos la almohada, damos puñetazos en el cabecero, agarramos con fuerza la sábana… pero la pesadilla no termina… Tal vez es que no es una pesadilla, es una realidad terrible de la que no cabe despertar, pues ya estamos conscientes.
 
La pelota no se manchaba… Y todo esto llegó al verde. La plantilla bien reaccionó a esta ruptura aguda o bien fue detonante, no importa, pero dejó de funcionar. Se esfumó ya antes de parón por confinamiento y ya nunca volvió. “Entre todos” incluye, naturalmente al VAR, letal para el equipo con decisiones bordando la lisergia aguda. “Entre todos” incluye errores puntuales que han restado puntos y hundido barcos… Y aún así… En lo numérico aún se divisaba el puerto de la temporada pasada…
 
¿Cuál fue la diferencia deportiva?  Pues que la espalda de Hugo Duro fue esta vez la mano en el descuento granadino, y, básicamente, que los rivales inoperantes de la temporada pasada han sido tú en este año…
 
Todo… todo…
 
¿Y ahora que queda?
 
Queda la sensación de estar aún en una guerra institucional sin sentido ( o con sentido pero sin respeto), desagradable, irrespetuosa e irracional.
 
Queda la sensación de una ruptura irreparable entre propiedad y afición. El nivel de desafección por nuestro Valencia está en niveles más que preocupantes.
 
Queda la sensación de final de ciclo deportivo, prematuro o extendido, no importa, pero final, sí o sí.
 
Y queda la sensación de que, con todo esto, y a falta de vislumbrar a alguien con talento, autoridad y capacidad para ponerle remedio, el futuro inmediato del club es profundamente desilusionante.  
 
Nadie, hace exactamente un año, podría vislumbrar esta situación. Ojalá dentro de un año, en nuestro resumen cafemestallero  de la próxima temporada (porque cafemestalla sigue y va a seguir aquí mientras nos quede una gota de ilusión y valencianismo compartido), podamos decir que nadie esperaba, para bien, una temporada semejante y venturosa.  
 
PD. Esta temporada ha sido única y muy dura a nivel global. El parón por Covid no ha sido dramático en lo deportivo sino a nivel social y humano, una tragedia sin par. Seguramente la gran tragedia de nuestra generación. Pero al tiempo ha sido una temporada muy difícil en lo personal. Agradezco al de arriba la oportunidad de seguir aquí. He podido en este tiempo extra de vida, que es cada amanecer, completar mi pequeña colección de camisetas valencianistas,  terminar un proyecto literario del que pronto os daré cuenta, escuchar y hacer música, leer y seguir soñando trastadas futuras… No será fácil pasar página, me quedan, física y emocionalmente, algunas cicatrices que van a doler por dentro y por fuera el resto de mis días. Por eso, he confirmado que la vida, que esta vida, es mucho más que todas estas chorradas…. Chorradas, sí, que no son más que un entretenimiento no muy trascendente. El fútbol es para mí el Valencia, y el Valencia es ya casi únicamente (no es poco) poder sentarme en el sofá con mi peque, camiseta del murciélago en el pecho a ver el partido y emocionarnos con un gol y cabrearnos con la derrota. Todo este rollo que os he escrito (perdón por el tuteo) es nada, de verdad, NADA.
 
Disfrutemos también de los tiempos difíciles pues así percibiremos los buenos que vendrán en toda su intensidad. Ojalá cerca de las personas que queremos, que nos quieren y que de verdad (¡son las personas!) importan.
 
Amunt!

 

Lobo

Feísima temporada del Valencia. Fea por los malísimos resultados deportivos que nos han dejado sin Europa, y doblemente fea por el ambiente cuasi bélico que rodea al club. Empezó la cosa mal. Con Marcelino y Mateu al frente el barco navegaba, con algo de fortuna, un poco a trompicones y con bastantes dudas, pero navegaba. Y tras campeonar en Copa del Rey nos las prometíamos muy felices. Pero poco duró esa felicidad. Algo pasó en verano y de pronto Marce pareció entrar en guerra total contra sus jefes, desafiando a toda lógica en cada comperecencia. Tanto tensó la cuerda que muchos, no solo yo, vimos que se la estaba jugando, o lo que es peor, buscando su despido. Y así fue. Intuyo que desde la directiva se intentó de todas las formas posibles reconducir la situación y no tener que llegar tan lejos, pero al final y empezada ya la temporada, Marcelino fue destituído, con el desastre que eso conlleva. Los simples aficionados solo tuvimos a la vista el desafío constante del entrenador, nada más. La prensa nos intentó colar las filtraciones más que interesadas del propio Marcelino y/o su entorno, como aquél delirio de que fue por ganar la Copa, y supongo que alguna razón más o menos aséptica les daría también Meriton, pero no les debió interesar. Así que las razones reales y concretas siguen ocultas y solo los protagonistas las sabrán. La putada gorda es que tras él se fue Mateu, o lo tiraron, o lo ningunearon hasta que tuvo que irse. No lo sé. Solo sé que si bien prescindir de Marce era lógico dadas las circunstancias, deshacerse o no saber mantener a Mateu fue un error grave. El primero de Meriton.

El segundo fue traer a Celades. No sé quién les aconsejaría, no sé quién lo decidió o qué pudieron ver en el andorrano, no sé qué intereses ocultos podría haber caso de haberlos, que lo dudo, pero fue otro error, y muy grosero. No tan clamoroso como los de Pako Ayestarán o Gary Neville, pero por ahí. Sin experiencia alguna en la Liga, sin caché ni bagaje, sin nadie que le escribiera, no puedes soltar a un novato absoluto en el nido de víboras que era y es ahora el Valencia y esperar que funcione y consiga dominar un vestuario en el que casi todos mandaban más que él. Y el caso es que no empezó mal. El equipo cambió visiblemente su forma de juego para ser algo más ambicioso y los resultados comenzaron a llegar. Y las dudas de casi todos  se convirtieron en agradable sorpresa, alegría de buena parte del valencianismmo, y disgusto de las viuditas de Marcelino, pobres. Pero de nuevo algo pasó. De ser primeros de grupo en UCL y estar a muy poquito de la cabeza de la Liga, a ir de tortazo en tortazo. Hablo de memoria y por sensaciones, no recuerdo exactamente los partidos ni los voy a consultar, pero eso recuerdo. Y aquella maldita SúperCopa invento de Rubiales fue la puntilla. El VCF se fue para allá con cierta confianza y ganas de recuperar lo perdido, y volvió hecho añicos. Casualidad o no, desde entonces todo fue a peor. Y para colmo, cuando llegó la ventana de fichajes de invierno, Meriton volvió a equivocarse gravemente, el tercer error de la temporada. Ya debían tener información de lo que estaba pasando ahí dentro, pero fuera por contemporizar, para no disgustar a alguien y quebrar la confianza de la plantilla, o por consejo de nuevo de vete a saber quién, el equipo no se reforzó. Y no lo hizo cuando era evidentísimo que necesitaba refuerzos, e importantes. Ahí acabó todo. La temporada se desquició, los que sueñan desde casi el primer día con tirar a los putoschinos vieron su oportunidad y apretaron el paso, Anil perdió el norte y todo se fue a la mierda.

Tras la pandemia el equipo simple y llanamente se dejó ir. La pantilla era nuestra única y última esperanza, los que con su trabajo en el campo podían revertirlo todo. Y mira que lo tuvieron fácil. Pero…. Esa plantilla liderada (incomprensiblemente) por Parejo el legendario, esa plantilla que no se vio presionada por fichajes de invierno y que seguramente prometieron matarse por meter al VCF en UCL, no solo no lo hizo sino que se rieron de todos. Porque una cosa es equivocarse, y Meriton lo ha hecho al menos por partida triple siendo medianamente objetivos, e infinitamente si eres de los que quieren a toda costa la cabeza de Anil en una pica. Vale. Pero una cosa es equivocarse y otra, muy distinta y mucho peor, es joder al club conscientemente. Y esta plantilla, al menos unos cuantos de esta plantilla, lo han hecho. Un equipo que no mete la pierna, que no gana un solo duelo y a menudo ni lo intenta, que no corre, no presiona, no se ofrece al compañero, no le echa nervio ni mínimo de intensidad para evitar fallar mil pases, un equipo que no está y se deja avasallar por cualquiera sin mostrar una pizca de orgullo, es un equipo de traidores. Y lo que han hecho en estos partidos post pandemia es traicionar al Valencia y al valencianismo. Recuerdo al Eibar corriendo como locos presionando y mordiendo mientras los nuestros se dejaban pisotear sin asomo de molestia ni enfado, sin ni siquiera una mísera falta, por ejemplo. O recuerdo a Kangin desquiciado dando patadas a Sergio Ramos y expulsado, o su golazo ante el Español, y le reconozco al menos la capacidad de indignarse y rebelarse ante la desidia general que le rodeaba. Por qué esa desidia? Ellos sabrán, pero no es aceptable por mucho que otros se hayan equivocado. Putear conscientemente a tu propio club es de ser muy malos profesionales y peores personas. Aunque, como es habitual en este entorno de mierda, siempre habrá quien les excuse y defienda, siempre encontrarán una tribuna que les dé palmaditas en la espalda y nos cuente que ellos no tienen la culpa, que todo es culpa de los putoschinos. Y sí, los putoschinos han hecho muchas cosas mal y toca rectificar y poner los medios para no volver a hacerlo o equivocarse lo menos posible, si es que Lim tiene interés en ello. Pero culpar exclusivamente a los del palco y excusar a los del césped es una indignidad, y explica perfectamente cómo funciona este entorno valencianí en el que priman los intereses ocultos y el bolsillo por encima de la ecuanimidad y desde luego del propio VCF, la teta de la que todos maman y que, con toda lógica por mucho que les joda, les va restando privilegios. Poca cosa para lo que yo haría.

En fin, no quiero calentarme. Sinceramente tengo dudas de que Lim sepa muy bien qué está pasando aquí. De hecho es muy posible que solo le llegue la imagen distorsionada de cuatro niñatos insultando a su hija y la de una posición mediocre en la tabla. Quizá ni siga al VCF. O quizá siga al VCF como sigue al resto de sus empresas, de lejos y por simples informes de sus directivos, sin mayor implicación formal ni mucho menos sentimental. Tampoco sé quiénes son esos directivos aquí. Anil desde luego me parece un simple pasmarote puesto de diana para recibir las hostias, y dudo que tenga mando real alguno en nada. O igual sí, ojo, igual es el cerebro en la sombra de todo este desastre, pero no lo creo. Así que, quién manda? No lo sé, pero alguien será. En todo caso hay que darle la vuelta a todo esto como a un calcetín. Anil no puede seguir, pero no porque lo diga la CN10, sino porque su ciclo está acabado y hace falta un cambio. Y deportivamente toca reinventarse. Si se trae un Mánager General Deportivo con prestigio, perfecto, sería mi opción en este momento para no enredar más la madeja. Si se prefiere un entrenador + DD, pues bien también, pero entonces hace falta un Mateu Alemany urgentemente. No más inventos, no más riesgos absurdos, por dios.

Déjanos un comentario