Juan Martín Querol Rodríguez

Mestalla se preparaba para recibir a uno de los nombres de los que mas se acuerda su afición, el que nos llevó a los tan añorados éxitos deportivos, Don RAFAEL BENÍTEZ, y cuyos discípulos están sentados en los banquillos del Valencia CF en la actualidad, Rubén Baraja en el primer equipo y Miguel Ángel Angulo en el filial.

Y así, antes del pitido inicial, todo Mestalla se ponía en pie a aplaudir y corear al que hoy era nuestro rival. El respeto se gana, la honestidad se aprecia y la lealtad se devuelve, eso es Mestalla. Ayer quedó patente.

Vistas las alineaciones podrían haberse intercambiado los banquillos, hasta sus iniciales coinciden (R.B.), pues eso es lo que vimos en la tarde de ayer. Dos equipos jugando a lo mismo, con idéntico planteamiento, táctica semejante y mucho centrocampismo. Normal a tenor de dónde venían y lo que tienen por delante.

El partido estuvo marcado por el respeto y el miedo a perder. El Celta porque necesitaba puntuar para salir del pozo en el que están metidos y coger confianza para revertir la situación. El Valencia CF porque viene de un correctivo en Madrid y le esperan Girona, Getafe y Barcelona, otra derrota hubiera hecho aparecer las dudas y fantasmas de la temporada pasada, y aún somos, no está de más recordarlo, la plantilla más joven de la competición. El reparto de puntos fue justo.

Como anécdota personal, ayer un padre explicaba a su hija de 11 años el porqué se aplaudía a un entrenador rival, un hombre que hace 20 años nos llevó a lo máximo ganando dos ligas y una Copa UEFA, que gracias a él fuimos nombrados el mejor Club del Mundo, y que lo hizo después de que perdiéramos dos finales de Champions, cuando ningún entrenador quería venir por miedo a no poder estar a la altura. Y vaya que lo consiguió.

De pares a fills.

jamacuco

Partido aburrido. Táctico; sin desmelenes, locuras o florituras. Control y autocontrol, buscando más el error del contrario que los aciertos propios.

Partido homenaje. Homenaje táctico a uno de los grandes del valencianismo, D. Rafa Benítez, el que nos llevó a tocar la gloria con nuestras manos para que luego vinieran los cazurros de siempre, con su miope y personalista visión de la realidad para bajarnos al infierno apocalíptico que estamos pasando.

La perspectiva histórica que crea la imaginación humana tiende a recordar los momentos especiales, sobre todo los sublimes, que dotan de ese punto de nostalgia al pasado que irremediablemente consideramos mejor. Pero también es verdad que si rascamos un poco más en esos intersticios cerebrales seremos capaces de recordar que buena parte de los partidos de la época gloriosa valencianista (y podemos incluir aquí a Ranieri y Cúper) fueron como el de ayer: aburridos, tácticos, inmóviles, agazapados, minimizado riesgos, generosos en esfuerzo pero estériles en puntería, amables con los intereses del entrenador pero ásperos como el cemento para el espectador. Y no nos engañemos: la base de los equipos triunfadores es ésta, excepto que tengas dinero por castigo (o corrupción institucionalizada) y puedas dedicarlos a coleccionar cromos de estrellas en tu plantilla. Todos los equipos “normales” que han marcado época se han basado en esta filosofía, el esfuerzo colectivo sobre el individual, el conservadurismo resultadista sobre el desenfreno táctico, y por tanto, los puntos sobre el espectáculo. Ayer, Rubén Baraja como buen estudioso de su mentor Rafa Benítez, dos grandes valencianistas de adopción (no hace falta serlo de sangre cuando sé es de verdad de corazón), compusieron una oda a lo que debe, debió y deberá ser el estilo futbolístico base de un VCF campeón. Una forma de jugar largoplacista, lleno de empates a 0 y victorias por la mínima, con resultados que se siembran en el tiempo, dejando las «flores de un día» tan del agrado del periodismo y el aficionado «neutral». Un estilo que enraíza con nuestra tradición y valores que nos han hecho ser alguien en este mundo del fútbol. Una forma de ver el fútbol que nos volverá a llevar donde nunca debimos de irnos. Rubén y Rafa; Rafa y Rubén lo saben bien. Y si el valencianismo es inteligente (y aún tengo alguna mínima esperanza de que lo sea) se alistará a filas a ese ejército inmortal e invencible si permanece unido, pone pies en tierra y deja los cantos de sirena para los ridículos manipuladores. Eso sí, siempre que el soberbio sátrapa de Singapur quiera y deje de jugar con nosotros.

Amunt!!

EL TERCER TIEMPO

Las notas de Korvin

Mamardashvili: Buena parada a Iago Aspas. Atento y seguro por arriba. Tuvo un fallo en la primera parte que podría haber costado gol. Un 6.

Thierry: Defensivamente hablando, ¡partidazo! Hay que exigirle más en fase ofensiva. Un 7,5.

Mosquera: El mejor! Un 8.

Paulista: Muy buena segunda parte. Un 7,5.

Gayà: Esperemos que no tenga nada. Un 6.

Pepelu: Algo fallón. Un 6,5.

Javi Guerra: Participativo pero desacertado. Un 5,5.

Canós: Nulo. Un 4.

Fran Pérez: Detallitos técnicos y poco más. Un 5.

Diego López: No fue su mejor partido. Un 5.

Hugo Duro: Muy poco. Un 5.

Yarek: Ha cumplido. Un 6.

Amallah: En la línea del resto de los atacantes. Un 5.

Guillamón: ¿Ha jugado? Un 4.

Yaremchuk: No voy a decir «buenos minutos», dejémoslo en «decentes». Un 5.

Foulquier: Sin tiempo.

 

 

 

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